Sunday, November 19, 2006

Nuestra identidad Chilena

HISTORIA Viajes e identidad nacional Del Rhin al Biobío ida y vuelta Marcelo Somarriva


En su viaje Poeppig recorrió el valle del Aconcagua y llegó hasta la zona del valle del volcán Antuco. Litografía basada en dibujo de Poeppig
El entrecruzamiento entre viajeros alemanes que llegaban a Chile y viajeros chilenos que visitaron Alemania es el tema central del libro "Chilenos en Alemania y Alemanes en Chile. Viaje y nación en el siglo XIX", de Carlos Sanhueza.
MARCELO SOMARRIVAEl científico alemán Eduard Poeppig llegó a Chile en 1827. En su viaje que duró alrededor de dos años recorrió el valle del Aconcagua y llegó hasta la zona del valle del volcán Antuco. En el camino, el viajero no sólo describió y coleccionó la fauna y flora nativa sino que además describió la sociedad chilena de entonces, observando sus costumbres y la vida económica. Como testimonio de su viaje, Poeppig escribió un magnífico libro que tradujo en 1960 Carlos Keller -uno de los más eminentes nacistas chilenos- bajo el título de "Un testigo en la alborada de Chile 1826-1829". En ese libro, Poeppig caracterizó a los chilenos con entusiasmo. Le sorprendió la pureza de su raza, que contrastaba favorablemente con la situación de sus países vecinos. Los chilenos, además de blancos, le parecieron activos, serios, educados, libres y emprendedores. Incluso llegó a augurarle al país un futuro auspicioso, siempre y cuando lograra ordenarse de una vez. En 1855, el gobierno de Manuel Montt envió a Alemania a Vicente Pérez Rosales como agente diplomático con el propósito de estimular y organizar la emigración europea hacia Chile. En sus gestiones Pérez Rosales se entrevistó con una serie de científicos eminentes que habían estado en Chile o Sudamérica y que podían avalar su empresa de difusión de este país en Alemania y Europa del norte. Entre estos sabios, Pérez Rosales -quien tanto contribuyó a construir esa imagen del "roto chileno" patiperro, aperrado y emprendedor- visitó al sabio Eduard Poeppig, que en ese momento era el director del Jardín Zoológico de Leipzig. Al parecer incluso Pérez Rosales le extendió al eminente científico una invitación para que volviera a Chile, asunto que Poeppig rechazó alegando su mala salud.Este entrecruzamiento entre viajeros alemanes que llegaban a Chile y viajeros chilenos que visitaron Alemania durante el siglo XIX es el tema central del libro "Chilenos en Alemania y Alemanes en Chile. Viaje y nación en el siglo XIX", del historiador Carlos Sanhueza Cerda, que tal como su título lo indica, explora las relaciones que existen entre estos desplazamientos y los procesos de construcción de las identidades nacionales de Chile y Alemania.El siglo XIX occidental presenció casi al mismo tiempo el apogeo del viaje romántico y la conformación de las naciones y el reforzamiento de sus identidades nacionales. Asuntos que se experimentaron con intensidad variable tanto en Europa, entonces el centro del mundo, como en las regiones ubicadas en su periferia, cual sería el caso del Cono Sur de América. A pesar de las distancias y las diferencias, Chile y Alemania pudieron unirse a través de un persistente flujo de viajeros que corrió en ambas direcciones. Según Carlos Sanhueza, hay más de setenta libros de viajes de alemanes a Chile durante el siglo XIX, y probablemente exista una gran cantidad de trabajos inéditos, que esperan dormidos repartidos en archivos públicos y privados. El número de viajes chilenos hacia Alemania, es menos impactante que ése, pero no es nada desdeñable si se toma en cuenta que se trató de viajeros tan ilustres como Benjamín Vicuña Mackenna, Isidoro "Condorito" Errázuriz y el mismo Vicente Pérez RosalesEntre ríosSegún cuenta Carlos Sanhueza, uno de los más importantes hitos del Gran Tour chileno por Europa fue atravesar el río Rhin. Este famoso río fue percibido por muchos de estos viajeros como una línea de frontera geográfica y cultural que separaba a la Europa latina de la germánica, y también como un agente modelador de la historia, casi como un libro de agua corriente que discurría lentamente a través del tiempo.En 1872, en plena guerra franco-prusiana, Vicuña Mackenna vio al territorio que se ubicaba más allá de las aguas del Rhin como un espacio desconocido y misterioso. En las mismas orillas de ese río de frontera, Vicuña se preguntó si el río Biobío no podría ser el Rhin de los chilenos, ya que éste, tal como su colega europeo, también era un cauce de aguas históricas, en las que se había producido la fusión original de las razas que constituían la raza chilena y que habían sido el teatro de su independencia.PasaporteEl trabajo de Sanhueza se apoya en dos premisas de análisis que terminan siendo sus mayores fortalezas y aportes. Asume primero que los libros de viajes no deben abordarse como un mero documento ni como un testimonio "transparente" del pasado y que la conformación de la identidad nacional, particularmente en el caso chileno, no debe descansar necesariamente en las manos del Estado ni en un dictamen del gobierno. Sanhueza hace en este notable trabajo que estas dos nociones confluyan proponiendo que la identidad nacional puede conformarse también desde la distancia, "a través y por el viaje". Dejando así en evidencia que tanto para alemanes como chilenos los elementos elegidos para representar esta identidad nacional iban más allá de los emblemas patrios, las leyes, los triunfos y arengas militares, que perdían su resonancia en la medida en que el viajero traspasaba las fronteras de su país, dando paso a elementos de carácter cultural tales como la lengua, las creencias y otras costumbres. Porque para estos viajeros de antaño, "la nación, como sostiene Sanhueza, iba más allá de unos pasaportes, de unas definiciones jurídicas, de unos edictos".Carlos Sanhueza"Chilenos en Alemania y alemanes en Chile. Viaje y nación en el siglo XIX"Centro de Investigaciones Barros Arana.

http://diario.elmercurio.com/2006/11/19/artes_y_letras/historia/noticias/57907FEF-10A8-46E1-9570-513FC9E7A109.htm?id={57907FEF-10A8-46E1-9570-513FC9E7A109}